VIVENCIAS DE UN VIÑAMARINO

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Una aventura de Diego Barroilhet y las letras.

En una reunión de ex alumnos o un paseo de curso de sus hijos, inclusive en el mismo centro de Reñaca, Diego Barroilhet seguía recibiendo las mismas señales: “Leí tu publicación en Facebook, dedícate a escribir”, “Me encanta leerte” o “Que manera de reírme con tus anécdotas”… la gente disfrutaba las historias. Risas, recuerdos y nostalgia,  afloraban espontáneamente.

Sus publicaciones, que no eran más que vivencias reales de un viñamarino, despertaban gran interés entre la comunidad de Facebook, o los propios amigos y familiares cuando se reunían. “En esos momentos entendí que yo podría escribir un libro”, reconoce el Diego, desde 1974 viñamarino de corazón.

“Me costó un poco atreverme. Es que imagínate que crecí con el estigma de que soy zurdo y disléxico. Daba vuelta las letras y me costaba concentrarme. ¡Era un desastre! Jamás pensé que podría escribir bien y menos aún hacer un libro”, reflexiona este inquieto empresario, matrimoniado con la Gruinguita, con quien tuvieron  3 hijos (de los tres BC).

Hasta que el último día de 2018 se decidió. Tras conversar con su familia, se inclinó por la editorial Trayecto para enviar el borrador a su dueño, quien lo leyó y le encantó. De ahí en adelante fue una carrera que finalizó el 15 de marzo pasado con el libro ya impreso.

“Varias cosas son las que me pasan con él. Por un lado fue lograr vencer todo ese estigma de que era malo para escribir. Por el otro, fue que para muchos mis historias ha sido una grata manera de recordar personajes y lugares tan típicos de Viña del Mar. Es de cierta forma rescatar nuestra identidad, la vida de barrio”, comenta uno de los barricas, como suelen llamarse a ellos mismos.

La publicación incluye 30 historias, pero según su autor hay 60 historias más que quedaron sin  contar. “Puede que esto se traduzca  en una segunda publicación, como  también puede que no. Por ahora, se están macerando concluye el menor de los dos hijos de Chorley y Vero.

Y así, este informático de profesión, emprendedor de vocación y pasión, cocinero de lunes a viernes, encargado de la logística colegial, malabarista en el supermercado, padre Uber, maestro chocolatero y soldador al arco, ahora apunta en su extenso currículo incipiente escritor. Te regalamos una historia para que puedas degustar las Vivencias de un Viñamarino.

El par de balones de gas

Marzo colegial, calle Guayacán, en el 36, la casa negra. Un día martes 08:05, en la ducha. El agua empezaba a enfriarse, continuaba enfriándose… la conclusión era solo una: se había acabado el gas, lo que significaba salir del baño, “enshampoozado” e ir al antejardín a mover la manivela del Lipigas para darle paso al de repuesto. Antejardín + enshampoozado, no era un problema, claro que no, a no ser que vivas frente de un colegio. ¡CTM!

Figuraba tiritando acinturado con una Textil Viña, cual sushi con mi propio nori, 100% algodón, en el antejardín, de la carbolineumiada casa y bajo el Pomelo, el árbol que nos regalaba unos exquisitos y ultra amargos frutos, de un color fascinante. Yo me bucleaba mirando el color de los pomelos mientras las risas del entrante alumnado carcajeaba mienzunchada facha.

Terminé la ducha cuando la campana (timbre eléctrico), era el encargad de acarrear el ganado estudiantil a sus aulas. Yo sabía que el insistente y dictador timbre duraba poco más de 35 segundos, tiempo suficiente para despedirse cariñosamente de Corcho y cruzar caminando, saludar a los auxiliares que emblemaban la entrada y subir a la sala, donde me siento en la segunda filia y mi compañero me dice, “vienes pasado a shampoo, qué te apuesto a que recién te duchaste”. Sí, le dije, hace menos de 2 minutos figuraba enjuagándome el shampoo, creo que no lo hice bien.

Puedes encontrar  “Vivencias de un viñamarino“ en las librerías Antártica, Qué leo y Feria del Libro, o mejor aún, directo en la editorial www.trayecto.cl

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