UNA LOCA PASIÓN

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Así vive día a día el capitán de la selección chilena de Rugby Seven a Side, Felipe Brangier, una disciplina que aunque es olímpica desde 2011 aún mantiene el amateurismo dentro de su estructura. Para el líder de esta generación dorada cualquier sacrificio es poco para un deporte que ama, “una pasión medio loca que te da el romanticismo”, confiesa.

 

No podría haber sido un mejor comienzo de temporada para el rugby Seven nacional. A comienzos de enero los ´cóndores´ se adjudicaron el título en Punta del Este venciendo al combinado de Argentina y,  una semana después, salieron campeones del Seven a Side de Viña del Mar venciendo al seleccionado uruguayo.

“Es un excelente inicio de temporada consistente también con el buen cierre en los Juegos Odesur 2018. Un comienzo alentador que eleva la vara a metas más exigentes y ambiciosas para el  2019. Todo con mira a clasificar a las Olimpiadas,  lo que sin dudas sería un logro histórico para el rugby nacional”, admite el capitán del a selección chilena de rugby Seven, Felipe Brangier Valdivia.

Pero más allá de los  buenos resultados del último tiempo – recordando el histórico Bowl o Copa de Plata del Mundial de San Francisco en 2017 -, el verdadero interés del flamante capitán es dejar un legado. “Mi gran aspiración es ser reconocido como un jugador que aportó y que construyó ese camino de transición de un deporte amateur, de un rugby social, a una estructura más profesional y a un rugby más competitivo”.

Esto, porque son muchos los sacrificios que deben hacer cada uno de los jugadores en una disciplina que a pesar de ser re-incorporada a los juegos olímpicos a partir del año 2011, mantiene la estructura de un deporte amateur o semi-profesional. El propio Brangier relata a Costa Magazine la dedicación y postergación que asumen para compatibilizar sus responsabilidades con los entrenamientos y competencia del Rugby Seven, que más que un deporte lo sienten  como una “pasión medio loca”.

Imagino que están contentos con el comienzo de temporada del Seven.

“Es un buen comienzo de temporada – desde el resultado que tuvimos en Corrientes, en Punta del Este y en Mar del Plata – consistente también con el buen cierre de 2018 en los Juegos Odesur. Hemos mantenido el estándar del nivel de juego que venimos entrenando hace varios años. Obviamente obtener resultados positivos al inicio nos alienta para mantener el nivel que queremos  desplegar  contra ciertos  oponentes. Pero esto está recién partiendo”.

¿Para ti fue clave la re-incorporación del rugby Seven al deporte olímpico en 2011? 

“Es una de las claves, pues nos relaciona y nos hace dependiente del Comité Olímpico que vio en el rugby una oportunidad de meterse en los medalleros de los juegos regionales (como los bolivarianos, los sudamericanos y los panamericanos)  y, por qué no, meterse a las clasificaciones de los Juegos Olímpicos. Ahora, para nosotros es muy importante participar en una disciplina olímpica, pues significa un pilar fundamental para la federación y, además, nos da mayor rose y competencia internacional”.

Ya son varios años cosechando buenos resultados, ¿se vienen metas más ambiciosas para este 2019?

“Tenemos varias metas exigentes y ambiciosas para este año. Cumplimos el primer objetivo al  ganar el circuito sudamericano de Punta del Este-Reñaca.  Nos ganamos el cupo de invitaciones a los Worlds Series de Las Vegas y Vancouver, que a pesar de no tener ningún tipo de connotación competitiva, nos prepara para Hong Kong veinte días más tarde, y allí sí nos jugamos un cupo para entrar dentro de los 16 primeros del mundo.

En junio,  en el pre-olímpico de Santiago, apuntamos a conseguir un cupo directo para las olimpiadas, lo que sería histórico para nuestro país. Tras ello competiremos en el Panamericano de Lima 2019, muy importante por cierto, pues lo que para el Comité Olímpico significa obtener una medalla, para nosotros significa conseguir becas y mayores recursos de entrenamiento”.

Entiendo que en los anteriores paramericanos obtuvieron el quinto lugar.

“Competimos en dos, ambos con el quinto lugar. Pero para este año  esperamos conseguir uno de los tres primeros cupos haciendo caer a Canadá, Estados Unidos o Argentina; asumiendo, por supuesto, que le ganamos a Uruguay o Brasil”.

EL SACRIFICIO DEL CAPITÁN

Cuéntanos del sacrificio que haces personalmente en una disciplina aún amateur.

“Siendo todavía un deporte amateur todos tenemos que atender otras obligaciones, pero es nuestra realidad. Compatibilizar la universidad o la pega con un deporte que te exige condiciones casi profesionales con un alto rendimiento, requiere gran sacrificio, más que eso, requiere mucho amor y  dedicación.

Además siempre hay temas que uno posterga por este deporte. Diría que se debe al propio romanticismo de ser amateur,  de descuerarse y desvivirse día a día por querer lograr un objetivo, por querer alcanzar una meta, por querer ganar un campeonato. Es una pasión media loca que te la da ese romanticismo”.

¿Qué tan romántico?

“O sea, si nos pagaran y fuese todo tan fácil quizás no habría tanto sacrificio, tanta postergación o tanta entrega. Es una combinación interesante, pero por supuesto no es lo óptimo para poder competir en este medio”.

¿Cómo vive su rutina diaria el capitán del seleccionado nacional de Rugby Seven?

“Mi rutina es desgastante, hay que hacer malabares para cumplir con todo. Y si tuviera hijos sería prácticamente imposible. Me faltarían más horas aún, pues trabajo en Vida Security, una empresa que me ha brindado todas las herramientas y facilidades para compatibilizar mi desarrollo profesional y deportivo. Estoy muy agradecido por cierto, pero de igual forma debo cumplir  mi horario (9 a 18) y buscar los espacios para entrenar. Es extenuante”.

Entonces ¿cómo se las arreglan para entrenar todos juntos?

“Tenemos tres bloques del día donde armamos los entrenamientos semanales: de 7 a 9; de 13.30 a 15; y de 19 a 21. En esos espacios desarrollamos los estímulos físicos, técnicos o en cancha con tal de seguir preparándonos para la competencia”.

Por ahora, ¿qué nos falta para establecer un nivel y mantenernos? “Básicamente contar con las herramientas necesarias para contener al jugador en todas sus necesidades: médicas, físicas, nutricionales, de competencia y descanso. Una estructura amateur no tiene todas estas herramientas, pero vamos bien. Hay que seguir consolidando la estructura, mejorando todos los aspectos y comenzar a aspirar a temas mucho más competitivos y dejar de lado el rugby social y rugby amateur”.

En todos estos años ¿cómo los ha trata la federación?   “La federación nos tienes en buenas condiciones para competir y entrenarnos, en verdad estamos súper bien. Incluso diría mucho mejor que en otros deportes. Somos muy privilegiados en ese sentido. No obstante, en esta especie de semi profesionalismo siempre van a haber diferencias con jugadores que se les paga por jugar, pues debemos compatibilizar nuestras responsabilidades con el deporte, y esa no son las condiciones ideales para competir en alto rendimiento”.

Por último, ¿cuáles son tus aspiraciones Felipe? “Ojalá  ser profesional y dedicarme tiempo completo al deporte, de una forma remunerada que me permita tener las condiciones y expectativas de vida que deseo. Sé que es difícil por el momento encontrar ese equilibrio, pero aspiro al crecimiento del rugby, que logremos un estándar profesional siendo competitivos a todo nivel y que Chile se posicione en la escena del rugby internacional   como un país emergente con todas las condiciones y herramientas.

Me encantaría que toda esta  dedicación y cariño que le hemos puesto durante todos estos años, con grandes resultados,  trabajo, incluso remando contra la marea por momentos, (que es un poco el amateurismo) no sea en vano. Que permanezcan bases sólidas, un legado o un camino pavimentado para que en el corto o mediano plazo Chile sea profesional tanto en la disciplina del Seven como en el rugby XV, porque finalmente todos somos uno”.

 

 

Redactado por Cristian M. Caces / Imágenes de Federación Nacional de Rugby

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