SANGRE AZUL

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Chile no es un país acostumbrado a gritar por el oro o celebrar títulos mundiales. Asombrosamente, Cristián Herman, a cargo de la Escuela de Velas del Club de Yates de Higuerillas desde hace 23 años, logró la hazaña en dos disciplinas totalmente opuestas, BMX y Vela.

De tez bronceada, figura delgada y atlética, y con una personalidad muy amena,  Cristián Herman (58) esboza una pequeña sonrisa al abrir el baúl de los recuerdos para relatarnos una infancia en velero junto a su padre y cuatro hermanos mayores en el tranque de la Hacienda El Melón, o bien en Algarrobo o Viña del Mar. Memoria que se entrelaza a aquellas imágenes de su adolescencia pedaleando una bicicleta Cic   por los faldeos del Cerro San Cristóbal junto a sus amigos de Pedro de Valdivia norte.

El policampeón  – Mundial BMX, Estados Unidos 1982; Campeonato Mundial de vela categoría Laser, Algarrobo 1997 – saluda amistosamente a un grupo de pequeños alumnos de la escuela Oro Negro de Concón mientras descienden de una lancha que el Club de Yates Higuerillas pone a disposición para que chicos de la zona puedan tener un acercamiento distinto al mar.  Desde hace 23 años que Herman tiene a su cargo la Escuela de Velas del Club.

Nublado y ventoso, en días que se pronostica marejada, conversamos con Cristián de una vida entera dedicada al deporte náutico, de hecho, csompitiendo en vela conoció a su esposa Valeria (argentina) y juntos traspasaron este legado a sus hijas, herencia que corre por sus venas como sangre azul.

Tenías 6 años cuando te subiste por primera vez a un velero.

“Era el menor de cinco hermanos cautivados por un padre (Luis Herman González) entusiasmado con este  deporte que recién conocía mientras trabajaba como ingeniero en la mina del Cemento Melón; le gustó tanto que incluso llegó a competir. Obviamente mi madre (Marta Sanhueza) lo acompañaba en todas y como  vivíamos en La Calera, navegábamos en familia a en el tranque de Hacienda El Melón. Luego nos fuimos  a Santiago y comenzamos a navegar en Algarrobo y Viña del Mar”.

Creces y comienzas a competir en vela, siendo seleccionado juvenil, ¿cómo llegas al mundo BMX?

“De hecho ya había sido seleccionado nacional en vela categoría juvenil, disputando torneos categoría Snipe en Paraguay, Brasil, Argentina y Estados Unidos. Pero como vivíamos en los faldeos del Cerro San Cristóbal, pasábamos todo el día en bicicleta, y un día de 1979 cuando tenía 18 años,  vi un recorte de una competición de bicicrós en Santa Rosa de Las Condes, muy cerca de mi hogar.

Aunque solo tenía una modelo Cic – actulmente descontinuada – igual me permitieron participar. Obviamente la bicicleta no resistió uno de los saltos, así que mi hermano mayor me ayudó a atar unos cordeles para terminar la carrera. Luego  me compré una BMX y pude prepararme para el mundial de Estados Unidos 82, donde obtuve el primer lugar”.

¿Y podías compatibilizar dos deportes tan disímiles,  como la vela y el bicicrós?

“Es cosa de organizarse y tener prioridades. Entre el ´79 y el ´89 logré practicar ambos deportes de forma competitiva. Igual daba mayor énfasis a cada disciplina a razón de las campañas  internacionales.  Me armaba los calendarios y podía, era compatible”.

Imagino que, en cierto modo, influyó la imagen de tu abuelo que competía en motocicleta.

“Mi abuelo paterno Luis Herman Lavín era bien fanático de las motos, un aventurero. Corría las carreras de larga distancia de la época (Santiago – La Serena),  también había un cruce a Argentina. Aunque en ese tiempo los caminos eran malos y las motos no tenían ni la amortiguación, era mucho más sacrificado. Había que ponerle harto ñeque”.

VELA & FAMILIA

Aunque el deporte lo lleva en la sangre, Cristián Herman opta por correr su última carrera BMX en el mundial desarrollado en el velódromo del Estadio Nacional, en Santiago el año ´88. Necesitaba enfocarse en la vela, cuatro  años más tarde se casaría con la argentina Valeria Vila con quien comparte parte de su infancia ligada a los veleros y una que otra competencia. “Nos conocimos corriendo campeonatos entre Chile y Argentina y hasta la fecha continuamos, nunca dejamos de practicar vela. De hecho ella ganó en el ´86 el mundial juvenil categoría Lightning. Navega bastante bien, mejor que yo”, comenta con esa humildad que lo distingue.

A principios de los noventa  vivía junto a su esposa en Buenos Aires, lugar donde se navega mucho. No obstante le pedían asumir como técnico de la Federación Nacional de navegación a vela, cargo que ostentó  durante el ´95 y ´96. Tras las olimpiadas de Atlanta volverían a Chile. Soplaban vientos de cambios.

Corría la primavera de 1997, estación que traería el éxito esperado para Herman al coronarse  campeón de la categoría Laser del mundial disputado en Algarrobo. “Navegué en categoría Master (mayores de 37 años) contra los mejores exponentes del orbe, a una edad donde todos son muy competitivos, y aunque para participar en torneos de alto rendimiento se conjugan muchas variables, en ocasiones la  experiencia puede inclinar la balanza”, aclara, poniendo énfasis en que la vela es un deporte más longevo.

 

 

 

En adelante, obtiene múltiples medallas de oro y plata en ODESUR y Juegos Panamericanos (ver recuadro). En 2016, a los 56 años se queda con el  subcampeonato de la categoría Laser Grand Master – 55 a 64 – disputada en México.

 

TITULO MUNDIAL PRIMAVERA DE 1997 EN ALGARROBO

Categoría Laser Master, mayores de 37 años.

títulos sudamericanos: 

       · Odesur en Ecuador 1998:

                   – Oro en categoría Lightning.

                   – Oro en categoría J24.

                   – Plata en Laser.

       · Odesur en Chile 2014:

                   – Oro en categoría Lightning.

       · 3 medallas de oro en panamericanos Lightning:

                   – Mar del Plata, Argentina 1995

                   – Río de Janeiro, Brasil 2007

                  – Puerto Vallarta, México 2011

Subcampeonato México 2016:

Categoría Laser Grand Master (55 a 64 años).

 

Entiendo que llevas varios años corriendo junto a tus hijas… “Cuando nos vinimos a vivir a Concón comenzamos a enseñarles este deporte a las niñas, desde los 5 años de edad más o menos. Actualmente corro con dos de mis hijas en categoría Lightning, Paula la menor de 19 años compite como seleccionada nacional, y tanto Camila como Roberta han formado parte de la selección”.

¿Y qué sientes al haber estrechado un lazo tan fuerte con tu familia a través de la vela?

“Es muy bonito, muy reconfortante que a las hijas les haya gustado y que podamos compartir un mismo estilo de vida sana, donde se hacen muchos amigos y lo que uno aprende se aplica toda la vida. Ahora (mediados de junio) de hecho, Paula se encuentra corriendo en Finlandia en el campeonato europeo y el mundial. En agosto estará representando a Chile en los Juegos Panamericanos de Lima”.

¿Y qué tal tú calendario personal de competencia?

“Bueno, en noviembre tenemos el Sudamericano de Perú, luego el Campeonato categoría Master, y un calendario bien nutrido desde septiembre en un barco oceánico de la Escuela Naval llamado Caleuche, embarcación para competencia de largo aliento compuesta por nueve tripulantes, con quienes  corro hace diez años y nos va bastante bien”.

Veo que ni piensas  por ahora en el retiro, ¿cómo te mantienes en forma?

“Seguimos activos con las ganas intactas,  obviamente con las limitaciones de la edad. Y se hace bastante gimnasio y mucha bicicleta junto a mi esposa. O sea la bicicleta no se abandona. En todo caso no navegamos juntos porque ella compite para otro equipo”.

Ya son 23 años a cargo de la Escuela de Velas de Club de Yate Higuerillas, impartiendo a otros esta pasión.

“Harto tiempo. Me contactaron en su momento para dar clases de velas a los hijos de los socios; además organizamos varias actividades deportivas y competitivas. Por ejemplo, para finales de noviembre vamos a tener el campeonato nacional en  categoría Optimist, donde unos cien niños del norte, centro y sur del país – de colegios privados y  municipales – tendrán las mismas oportunidades de  disputar el torneo, porque en el mar son todos iguales”.

 

Texto y fotografías de Cristian M. Caces

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