LA PANDEMIA DE LOS 200 AÑOS

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Cristian Carvajal Mallegas Asesor de la bancada regionalista del Senado

Para nadie es un misterio que Chile y el mundo atraviesan una de las mayores crisis de las que se tenga memoria, es quizás más grave que la de 1929. No solo es el COVID-19, aún se siente el impacto y consecuencias del estallido social que azotó al país por cinco meses y que sigue estando presente desde las sombras. 

No sólo se destruyó   la infraestructura pública,  también golpeó fuerte y certeramente, destruyendo o hiriendo a cientos de pymes y puestos de trabajo. Paradójicamente, esto que clamaba por un mejor Chile, un país más justo, solo consiguió dañar a quienes, supuestamente, querían ayudar. Hoy las brechas sociales son más fuertes y como consecuencia tenemos a más chilenos por debajo de la línea de la pobreza.  

Pero cuando Chile consiguió su independencia, también vino con una pandemia que nos ha perseguido desde entonces: el centralismo. A la fecha, nuestras regiones siguen azotadas por esta pandemia, tal como hace 200 años, y quizás peor. Esta  enfermedad las tiene postradas, ya que no pueden moverse si no es con la ayuda y venia de Santiago. 

Lamentablemente esta pandemia desnudó una realidad que golpea duro y deja en evidencia una discriminación abismante entre unos y otros chilenos: Las regiones y sus carencias son mucho más profundas de lo que esperábamos. 

 

Fuera de la Región Metropolitana, donde también se viven dificultades apaciguadas con una constante política ultra centralista, se vive un mundo absolutamente distinto. Es como haber detenido el tiempo en un par de años y en algunos casos, en décadas.  

Lo peor, es la falta de conocimiento de las autoridades nacionales sobre esta materia. Pocos se explican porqué en un comienzo en la Región de Valparaíso sólo se decretó cuarentena para Valparaíso y Viña del Mar, dejando fuera a Villa Alemana, Quilpué y Concón, sin entender que en esa macrozona los ciudadanos se entrelazan sin límites comunales por temas laborales, estudiantiles, familiares y atenciones de salud.

Un claro ejemplo del desconocimiento de cómo funcionan las regiones y un llamado de atención para apurar todo lo necesario para avanzar y  dotar a las regiones de mayor autonomía en la toma de decisiones, entregando verdaderas facultades a las autoridades locales, que sí conocen la realidad local. 

 

Seguir funcionando bajo la lógica y mentalidad de establecer medidas, desde las oficinas asentadas en las cuatro cuadras que rodean a La Moneda, ahondará y profundizará aún más las diferencias. Debemos poner en el horizonte la urgente necesidad de devolver la dignidad a las regiones y avanzar en un proceso descentralizador concreto y rápido. El desarrollo de Chile está en sus regiones y la calidad de vida de los habitantes de dichas zonas, depende de ello. 

 

El domingo 11 de abril del 2021, se realizará por primera vez en nuestra historia, la elección de Gobernador Regional. Un paso simbólico que desde la bancada regionalista del Congreso hemos impulsado con mucha fuerza hace años, pero que esta es sólo la punta del iceberg, pues aún se requiere avanzar en una nueva Ley de rentas regionales y una política descentralizadora en materia administrativa y fiscal. 

 

Chile será un país desarrollado cuando logre ser  un país descentralizado y no debemos esperar que una nueva pandemia, emergencia o catástrofe nos vuelva a restregar en la cara, la enorme precariedad y desconexión  con la que actualmente viven nuestras regiones. 

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