FIEBRE EN NIÑOS

Con la llegada del otoño, las bajas temperaturas comienzan a sentirse en nuestro país, los resfríos se hacen más frecuentes y con esto, los estados febriles aumentan, especialmente en los niños. El Dr. Rigoberto Echeverría, pediatra y Médico Coordinador de la Unidad de Urgencia Pediátrica de Clínica Ciudad del Mar, nos entrega recomendaciones para saber cómo actuar y en qué momento acudir a un servicio asistencial.

La fiebre se manifiesta con la elevación de la temperatura corporal producida por algún estímulo que altera el termostato interno, el cual está regulado por nuestro cerebro. Los estímulos más frecuentes suelen estar relacionados con las infecciones virales, bacterianas u otras enfermedades. De acuerdo a lo explicado por el especialista, la temperatura normal suele alcanzar los 37°C, cuando ésta supera los 38°C (a nivel rectal) o 38,5° C (a nivel axilar) se considera fiebre.

 

¿Cuándo debemos preocuparnos?

Con la fiebre, se liberan sustancias que combaten las infecciones, promoviendo la formación de anticuerpos y células defensivas ante nuevos ataques de microorganismos, por lo tanto, cuando se produce fiebre, es para ayudar a nuestro cuerpo a “defenderse”. Es importante mencionar que no toda elevación de la temperatura corporal requiere una consulta clínica inmediata.

No obstante, es importante mencionar que existen cuadros febriles por los que debemos acudir rápidamente a un servicio de urgencias, ya que pueden ser el reflejo de algún proceso infeccioso potencialmente grave:

 

Recién nacidos o menores de 3 meses con fiebre.

Niños aletargados o en el caso de los lactantes (menores de 2 años), irritabilidad importante.

Cefalea intensa, rigidez cervical.

Rechazo alimentario significativo con posible deshidratación, destacando la boca seca, decaimiento o disminución en la producción de orina (moja menos pañales al día).

Fiebre mayor a 39,5° C.

Fiebre acompañada de crisis convulsiva.

Fiebre por más de tres días consecutivos.

 

De acuerdo a lo explicado por el Dr. Echeverría, cuando la temperatura sobrepasa los 38,5°C, lo primero que debemos hacer es desabrigar al niño, mantener una correcta hidratación y -eventualmente- utilizar un medicamento antipirético para bajar la temperatura, como ibuprofeno o paracetamol infantil. Estos medicamentos se pueden administrar cada 6 u 8 horas y debemos asegurarnos de que la dosis y el periodo de ingesta sea la correcta, ya que el uso permanente de fármacos antipiréticos puede invisibilizar algunas complicaciones de cuadros infecciosos, por lo que es recomendable conversar previamente con el pediatra de cabecera.

Es importante señalar que no hay forma de adelantarnos a la aparición de la fiebre, no obstante, es necesario prevenir la aparición de enfermedades infecto-contagiosas, especialmente en época de frío, evitando  los lugares de aglomeración de personas y  lavando las manos frecuentemente, para disminuir el contagio de las enfermedades respiratorias y digestivas.

 

 

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