DESDE LA TIERRA

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En el distrito limeño de Cieneguilla Casa Topo se construye sobre el propio desnivel a través de dos volúmenes superpuestos dando una apariencia de menor tamaño. De materiales rústicos y tonalidades naturales, el proyecto del arquitecto peruano Martín Dulanto se inserta en el paisaje en una especie de diálogo silencioso.

Veranos calientes,  áridos y nublados contrastan con inviernos frescos, secos y mayormente despejados en el distrito de Cieneguilla, pueblo ubicado al suroeste de Lima que pese a la urbanización incipiente aún conserva cierto aire rústico. En una zona rodeada de silenciosas sierras el connotado arquitecto peruano Martín Dulanto diseñó Casa Topo con la premisa de minimizar su impacto en el entorno y que se perciba más pequeña de lo que realmente es.

Con tal de lograr esta apariencia, se entierra parcialmente el nivel inferior de la vivienda construida en el Condominio La Quebrada, otorgándole un carácter orgánico y contrastándolo con el primer piso, un bloque puro revestido completamente de madera. Este nivel superior que contiene los dormitorios se convierte en una especie de mirador al contemplar desde la altura tanto la laguna como la quebrada, mientras que en el semi-oculto están las áreas sociales y de servicio.

A pedido del cliente, se pretendía fusionar la arquitectura con el entorno en un terreno que presentaba pronunciados desniveles. La solución consistió en construirla sobre el propio declive a través de dos volúmenes superpuestos. De este modo, la parte trasera del volumen inferior queda enfrentada al desnivel mientras que el superior – cuya planta es más horizontal – descansa sobre la parte más alta del terreno. Por ello, la sensación de que el primer piso parezca semi enterrado. Y de ahí lo de la madriguera del topo.

 

Tras nueve meses de obra en la que se realizó un corte de terreno bastante complejo, Casa Topo se planteó  como una caja de madera sobre un gran muro de concreto caravista, que, trabajado bajo formas libres, orgánicas y curvas, se pierde entre el entorno.

 

“Lo que me inspiró fue la naturaleza en sí, este ánimo por hacer un proyecto no invasivo, que le diera protagonismo pero que al mismo tiempo tuviera personalidad y fuera contundente”, cuenta Dulanto.

El resultado es un diseño de líneas simples que resalta lo orgánico de los materiales empleados. Una casa que ha sido planteada como una caja de madera sobre un gran muro de concreto caravista, que se pierde entre el entorno.

ANFITEATRO

El anfiteatro, por su parte, surge de escalonar el desnivel. De modo que a través de las escaleras de piedra se puede acceder a la parte trasera de los dos pisos. Es sin duda el elemento que mayormente distingue al proyecto. Pero también es distinguido por su dualidad, según consigna diariodesign.com.

El primer piso mantiene una conexión directa con el exterior, abriéndose completamente al jardín y al anfiteatro a través de fachadas acristaladas que pueden esconderse tras los muros, dejando a la intemperie los laterales de esta planta. Por este motivo, los materiales usados son la piedra, el hormigón y la madera.

El segundo piso, en cambio, se plantea directamente como una gran caja de madera, si bien los grandes ventanales funcionan de mirador a la quebrada. Destinado a zona de dormitorios, uno de los cuartos de invitados funciona como una pequeña suite al contar con una sala de estar.

 

Esta escalera curva, explica Dulanto, no solo sirve para circular por ella, sino que termina de armar el espacio de manera decorativa, al mismo tiempo que uno puede usarlo para sentarse, como si efectivamente se estuviera en un anfiteatro.

 

CONEXIÓN NATURAL

Con la intención de sugestionar y remitir al cliente hacia la naturaleza, acentuando la idea de casa en el campo, se escoge un mobiliario simple, sobrio, macizo, rústico. Mismo concepto se utiliza en los acabados: pisos de piedra talamolle para la casa y una piscina circular en forma de poza natural con acabado de madera y concreto que otorgan tonalidades que se entremezclan con el paisaje, irrumpido solo por trazos lineales propios de Casa Topo.

Aprovechando el anfiteatro brindado  por las sierras de Cieneguilla, se quiso lograr cierta espontaneidad, como si la casa estuviera implantada en un terreno de abundante vegetación, de naturaleza silvestre que aportara con distintas tonalidades. Para ello se trabajó con el paisajista  Katsumi Yoshioka, quien se apropió de la arquitectura  para fusionar el inmueble con el entorno construyendo un armónico diálogo.

   

Arquitecto Martín Dulanto Sangalli / Gerente de Proyecto Miguel Gutiérrez

Ubicación: Condominio La Quebrada, Cieneguilla. Lima, Perú / Área del terreno: 1871.34m²

Ingeniero estructural: Jorge Avendaño

Año de diseño: 2017 / Fotografías: Renzo Rebagliati / 372 m2 construidos

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