AVES COSTERAS

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Entre California y Chiloé existen 149 sitios prioritarios que forman parte de la ruta migratoria de las aves costeras en el Pacífico. Sin embargo, los sitios costeros de los que estas migraciones dependen están cambiando rápidamente. Mientras el desarrollo humano continúe expandiéndose las demandas de agua, comida, protección costera y hábitat aumentarán en los ecosistemas costeros. Como consecuencias, las poblaciones de aves costeras están disminuyendo en todo el mundo.

Cada año millones de aves playeras migran miles de kilómetros a lo largo de la costa del Pacífico, desde sus sitios de reproducción en la tundra ártica de Norte América, hasta sus áreas de invernada al sur de Chile. Estas migraciones de larga distancia dependen de sitios de parada e invernada— una red de humedales costeros, estuarios y playas— conocidos como la Ruta Migratoria del Pacífico.

Los hábitats en la ruta migratoria proporcionan importantes servicios ecosistémicos a comunidades costeras en crecimiento, muchos de los cuales están siendo amenazados debido a la creciente presión por parte del desarrollo costero – proyectos inmobiliarios, industriales –  y el cambio climático, que contribuyen a la disminución de las poblaciones de aves playeras.

Enfrentar los complejos desafíos que acompañan al desarrollo costero, requiere  soluciones que combinen conocimiento, experiencia e ideas de múltiples disciplinas y sectores. Abordando este reto nace el Programa de Becarios para Soluciones Costeras (Universidad de Cornell, Estados Unidos) con el propósito de crear una comunidad de jóvenes líderes que propongan nuevas soluciones sostenibles al llamado “progreso”.

Costa Magazine conversó con el arquitecto chileno Cristián Pérez quien, como miembro del comité asesor de dicho programa costero desde su génesis en 2015, tiene la misión de apoyar, guiar y proveer dirección estratégica al liderazgo ejecutivo del Programa en relación a su dinámica y estructura, y muy especialmente en relación a su adaptación en el tiempo para lograr una real integración de sectores e industrias.

Durante los últimos veinte años, el urbanista internacional se ha centrado en promover una relación sostenible entre los ecosistemas de alto valor de conservación relevantes a nivel mundial y los asentamientos humanos, en el contexto del cambio climático. Desde las pequeñas y remotas islas Juan Fernández en el Pacífico sudamericano hasta el bosque lluvioso valdiviano, hasta el istmo de Panamá, y más recientemente, hasta un foco continental a lo largo de la ruta migratoria del Pacífico, entre Alaska y la Patagonia.

Para el profesional, una de las claves del Programa de Becarios para Soluciones Costeras – que nace como resultado de una investigación internacional e intersectorial en 2015  en un punto estratégico del corredor de aves playeras del pacífico americano, donde el explosivo avance de la ciudad está en conflicto con los sitios críticos para la biodiversidad: la Bahía de Panamá – radica en articular a los sectores e industrias que intervienen en el desarrollo de las zonas costeras del Pacífico Americano, “donde el diálogo y la polinización cruzada no existen, y en generar capacidades integradas preparando nuevos líderes para trabajar en Latinoamérica”.

¿Cuál es la preponderancia de Chile en este corredor migratorio?

“Chile es un país clave en el corredor migratorio de aves playeras del Pacífico Americano, pues en su territorio continental se concentran 32 de los 84 sitios prioritarios para la migración de aves playeras ubicados entre Baja California (México) y Chiloé (Chile) – identificados así por la Estrategia de Conservación de las Aves Playeras de la Ruta del Pacífico Americano – y dos tercios de esos sitios se encuentran en la costa norte y oriental de la Isla de Chiloé”.

Imagino que los esfuerzos en esta área son multidisciplinarios e intersectoriales…

“Ya hay muchos sectores enfocados en la problemática de las aves playeras y su valor, como la academia, la ciencia y las organizaciones supragubernamentales de enfoque socio ambiental. Sin embargo, entre los múltiples y diversos sectores que son llamados a intervenir de forma activa, integrada y colaborativa a la planificación y protección de estos sitios, deben destacar especialmente los principales tomadores de decisiones del desarrollo inmobiliario privado y la infraestructura público-privada, así como también el turismo y las industrias productivas y extractivas”.

¿No es lógico pensar que los entes privados busquen rentabilizar los espacios?

“Contrario al pensamiento lógico, la protección de zonas costeras no constituye un factor de desaceleración económica, sino todo lo contrario: a través de la planificación y una regulación moderna es posible tener  al mismo tiempo una economía costera vibrante y una conservación efectiva del entorno”.

¿Algún ejemplo donde se ha aplicado esta política?

“En la costa de California – que tiene muchas similitudes con la de nuestro país – se han implementado políticas públicas claras y de larga data tendientes en ese sentido, y podemos decir que hoy en día existe un mercado estimado de 49 billones de dólares asociados al Turismo y Recreación, y al mercado del Suelo”.

 

Cristián Pérez Navarro se desempeña  como  Director Ejecutivo de Global Nomad elaborando  proyectos que, a través del diseño y la planificación territorial, incluyen la componente conservación del ecosistema/hábitat como una variable fundamental del desarrollo sostenible de sitios de alto valor natural donde existe un alto interés humano.

   

¿Cómo evalúas la gestión de Chile en temas medioambientales vinculados al océano?

“Como país, actualmente nos encontramos en una posición de liderazgo en relación a la conservación de los océanos si nos comparamos tanto con otros países como en el cumplimiento de las metas de conservación internacional establecidas en el Convenio sobre la Diversidad Biológica de 2010, particularmente en relación a la Meta 11 de las 20 ambiciosas pero realistas metas, conocidas como las Metas de Aichi para la Diversidad Biológica.

[…] La meta 11 plantea que para 2020, al menos el 17% de las aguas terrestres y continentales, y el 10% de las áreas costeras y marinas, especialmente las áreas de particular importancia para la biodiversidad y los servicios ecosistémicos, se han logrado conservar mediante sistemas de áreas protegidas, gestionadas de manera efectiva y equitativa, son ecológicamente representativas y están bien conectadas e integradas con entornos terrestres y marinos más amplios.

De esta meta Aichi se desprenden iniciativas como el Plan Nacional de Protección de Humedales 2018-2022 del Ministerio del Medioambiente y también los objetivos sobre planificación costera y protección de humedales costeros contenidos en la Estrategia Marina para Chile 2019-2021 de Fundación Packard, esfuerzo en el que estamos colaborando activamente en este momento”.

Me llama la atención el vínculo que mencionas entre el Surf y el cuidado de las aves.

“La integración efectiva de sectores se está dando hoy en día, debido a la explosiva popularidad del Surf en todo el mundo, lo que ha producido un vuelco importante de las personas hacia el océano, y muy particularmente al deporte en olas de calidad. Gracias al trabajo de Save the Waves Coalition y la creación de una Red Mundial de Reservas de Surf, que ponen en valor el entorno natural, la cultura y la economía (derivada del turismo, la recreación y las actividades tradicionales como la pesca y la artesanía) de lugares donde las olas son consistentes y de alta calidad; por lo que se requiere un enfoque integrado de análisis e implementación de ese modelo.

Actualmente, con la expansión urbana de ciudades costeras, especialmente en Latinoamérica, ese enfoque está siendo revisado – proceso en el que estamos participando -para incluir una mirada de desarrollo a largo plazo sobre el territorio, desde la influencia de esas olas en el valor del suelo, equilibrando la demanda con la capacidad de carga del lugar y especialmente ayudando a acercar fuentes de financiamiento para lograr mantener el atractivo escénico y la presencia humana sin comprometer la integridad biológica de esos entornos, logrando establecer ahí comunidades sostenibles y asentamientos de bajo impacto y bajo carbono en el largo plazo”.

 

Entrevista de Cristian M. Caces

Fotografías de Julián García Walth.

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