SECRETO DE ARRIEROS

SECRETO DE ARRIEROS

Pocos saben que la Cordillera de Los Andes, además de mostrar gigantescas montañas, encierra diversos valles y quebradas de curiosa fauna que vive de los diferentes bofedales que abundan en el interior. Estos humedales de altura son verdaderas praderas nativas ubicadas por lo general en las mesetas andinas sobre 3000 metros. Allí las planicies almacenan agua proveniente de las precipitaciones, deshielo o afloramientos superficiales de torrentes subterráneos.

Este particular sistema lacustre, conocido únicamente por arrieros y algunos montañistas que se aventuran a descubrir joyitas naturales, se localiza en diversas partes de la cordillera. La laguna “El Toro”, enclavada específicamente  al interior del cajón del Riecillo, es un ejemplo de ello. Son estos mismos arrieros quienes finalmente promueven el turismo – con gran esfuerzo y, en algunos casos, con ayuda del gobierno – hacia estos recónditos lares del hermoso valle.

En lo personal,  durante tres años venía persiguiendo este spot turístico y por diversos motivos no había podido llegar. Siempre creí que era un lugar con prohibición de entrada al ser manejado por la minera Anglo American. De hecho, dentro del valle se avistan varios túneles que transportan el agua de relave de la mina a la Planta Concentradora de Cobre “Las Tórtolas”, perteneciente a la misma empresa  que recibe el material "crudo" desde las alturas en la División Los Bronces (Disputada de Las Condes).

 

HAY QUE SER ARRIERO

Si bien pude visitar dentro del mismo cordón cordillerano la laguna El Viento y Acollarada, hermosos pero desconocidos monumentos naturales, sentía que faltaba la guinda de la torta: precisamente la laguna El Toro, ubicada más al norte, muy cercano al camino internacional. Buscando información encontré que un arriero de nombre Juvenal Calderón, oriundo del pueblo de Riecillo, realizaba cabalgatas al interior de estos valles.

Apenas logré contactarlo, nos invitó de forma muy cordial a realizar una cabalgata para conocer el cajón y la laguna, además de conversar sobre los trabajos turísticos que está desarrollando, a saber, cabalgatas diarias a diversos parajes poco frecuentados o excursiones por varios días al interior del valle con tal de descubrir las joyas de este paraíso.

 

¿Cómo llegar?

Ya sea desde Santiago o Viña del Mar lo fundamental es llegar a la carretera N°60. Pasando Los Andes se debe cruzar por varios villorrios hasta llegar al kilómetro 35, al poblado de Riecillo. Allí nos recibe la nieta de don Juvenal, Yaritza, quien amablemente nos ofrece un desayuno mientras esperamos. Su hermano  Yerko y don Juvenal preparan las cabalgaduras, prestas para salir en media hora.

El recorrido va paralelo a la vía férrea hasta entrar al cajón del Riecillo, llamado así por el estero del mismo nombre. La ruta es muy bella y con árboles típicos de los bosques esclerófilos cordilleranos que siempre entregan su compañía y a veces, por qué no, su sombra también. El camino siempre va en ascenso,  mas no es exigente. Cada cierto tiempo don Juvenal nos hace descender, no por hacer descansar a los caballos sino para que nosotros vayamos acostumbrándonos al lento caminar del animal.

Desde la casa de don Juvenal hasta la laguna recorremos 25 kilómetros (quienes desean realizar un trekking deben iniciar el recorrido de unos 20 kilómetros desde la desembocadura del estero en el río Juncal).  El sendero va por un desaparecido camino minero en muy buen estado y que aún mantiene su señalética intacta. Bordea varios cerros que son conocidos para los montañistas de la V Región, como el Alto del Buitre, el Diablo o el Potrero Alto, ninguno supera los 4.000 metros.

En el kilómetro 18 la ruta tuerce hacia el oeste para entrar al cajón de los Chacales, este es empinado y se asciende alrededor de 500 metros hasta llegar al campamento, lugar de belleza cordillerana característica y que los arrieros conocen como el “Cajón de las Yeguas Overas”. El sector presenta mucho pasto para los animales además de estar cercano a un hermoso estero que nos entrega un agua muy pura.

Es aquí donde pude conversar con estos hombres que están acostumbrados a estos lares tan bellos. Encendieron una fogata abastecida de bosta animal y yareta seca, brindando un agradable calor mientras bebían un poco de  vino. La luna dejó entrever su cara para iluminar el imponente Aconcagua y bajo esa hermosa noche estrellada puedo decir que dormí como un tronco.

 

La Laguna

Al amanecer, partimos saliendo del Cajón de las Yeguas Overas para entrar al Cajón de los Ramos, un amplio llano inundado en pasto para los animales, paraje que desaparece radicalmente apenas ingresamos al Cajón de las Perdehuana. Desde allí observamos un paisaje seco, casi lunar, como antesala de la laguna El Toro. Nos tomó alrededor de dos horas poder llegar a la parte superior de una ladera en la cual se dejó ver la escurridiza laguna.

Era más grande de lo que imaginaba. Su claridad me llamó mucho la atención, el contraste azul del cielo y las fuertes tonalidades de lo agreste de la cordillera daban un fuerte color turquesa a sus aguas. Naturalmente di una vuelta por sus alrededores observando patos y piuquenes dentro de ella. Repentinamente llegó un fuerte viento que encrespó las aguas, algo natural para nosotros, para don Juvenal era sinónimo de que a la laguna no le gustaba nuestra presencia.

Es imperativo que existan leyes que protejan estos lugares y permitan regular las diversas funciones de las mineras con su respectivo resguardo de zonas tan delicadas y prístinas. Nuestra misión es buscar estas bellezas para ser mostradas de forma sustentable por los habitantes que siempre las han circulado, los arrieros. Gracias a ellos tenemos nombres de cerros y lagunas como la de Los Palillos, Diamante,  Los Ángeles, Agua Mala, etc. Creemos que es posible trabajar mancomunadamente. Solo falta el apoyo de ustedes. ¡Toma tu mochila y hazte el ánimo para comenzar la mejor aventura de tu vida: conocer Chile!