EMILE RITTER

EMILE RITTER

Fue un buen año para Emile Ritter, uno de los mejores exponentes del esquí náutico a nivel mundial. En el Open Men Jump “King of Darkness”,  fecha disputada en noviembre en el  Winter Garden de Florida, Estados Unidos,  Milo ratificó su crecimiento sobre la rampa y voló a 65.9 metros batiendo su récord personal en la especialidad de salto, mismo mes en que ganó medalla de oro en los Juegos Bolivarianos 2017.

Junto al Team Chile de esquí náutico, Emile ha cosechado sólo alegrías en un deporte en que somos potencia mundial. Dentro del circuito de salto “somos el único país latinoamericano con tres miembros entre los top eleven”, menciona el ingeniero civil recién egresado y administrador del centro del Miranda´s Water Ski School.

Aprovechando un merecido descanso en los meses de diciembre y enero, Costa Magazine conversó con el seleccionado nacional sobre sus inicios y objetivos en este riesgoso deporte, detalles de la especial relación que ha cultivado con su padre a través del esquí y el legado que desea transmitir a las generaciones futuras. 

 

¿Cuál  ha sido la fórmula para que Chile sea potencia mundial en la especialidad de salto en esquí náutico?

“Una clave ha sido el impulso brindado por la familia Miranda. Gracias a ellos el nivel actual del esquí náutico es tan poderoso y profesional; antes era solo un deporte de fin de semana en los lagos del sur, Rapel o en la laguna de Aculeo. Además,  junto a  Felipe y Rodrigo Miranda formamos parte del selecto grupo Top Eleven en la especialidad de salto, único país latinoamericano que ostenta tales puestos”.

 

Ahora ¿cómo llega Emile Ritter a ser uno de los mejores exponentes de esta especialidad?

“Se lo debo principalmente a mi padre, quien se hizo adicto a este deporte cuando vivía en Bolivia. Unos vecinos del lago practicaban esquí acuático,  le gustó tanto que compró un libro y comenzó a practicarlo. Cuando  cumplí tres años me enseñó a esquiar en la laguna de Aculeo donde íbamos todos los fines de semana, hasta que a los siete años comencé a entrenar en la laguna de la familia Miranda. Así pasé toda mi época escolar, entrenando unas tres veces por semana en eslalon, salto y figura. Al ingresar a la universidad decidí enfocarme sólo en la especialidad de salto”.

 

Estudiando ingeniería civil debías competir contra los mejores del mundo ¿cómo hiciste para compatibilizar ambas carreras?

“¿La verdad? Hay que correr bastante. En mi caso, decidí apartar 3 horas diarias al entrenamiento, así que en las mañanas iba a la Universidad de Los Andes y luego manejaba hasta San Bernardo, donde fue construida la laguna artificial de la familia Miranda. Aunque no fue nada fácil, gracias a una buena organización y el tremendo respaldo de mi grupo de estudio ahora solo me resta defender mi examen de título”.

 

También se ve el apoyo de la Federación Chilena de Esquí Náutico…

“Por supuesto. La federación siempre se ha preocupado de que tengamos la mejor implementación y  de que ojalá podamos ir a todos los torneos para obtener el mayor roce, puntaje y experiencia posible”.

 

Hoy sigues practicando de vez en cuando esquí con tu padre, quien está ligado estrechamente a este deporte.

“El esquí nos une, es nuestra pasión. Hasta el día de hoy mi padre practica eslalon de vez en cuando y hace de juez en algunos torneos, como en el mundial de Francia. Podrás imaginar lo bien que me siento cuando me toca saltar en Estados Unidos, Rusia o Indonesia  sabiendo que él me está mirando. Y aunque no puede participar como juez cuando yo compito,  significa un apoyo mental importante”.

 

ALTO RIESGO

En un deporte como el esquí acuático (o náutico si se prefiere), específicamente en la especialidad de salto, donde la velocidad que alcanzan los competidores es cercana a los 100 kilómetros por hora, un mal movimiento puede traer como mínimo una fractura de costillas o vértebras.

Emile se refiere al alto riesgo que implica saltar justo antes de una competición. “Cuando estamos saltando en condiciones riesgosas - donde  presionamos los saltos al límite – optamos por manejarnos entre nosotros tres (los hermanos Miranda y yo), pues el chofer debe mantener la lancha derecha para alcanzar la rampa a unos 60 kilómetros por hora. Un pequeño error trae consigo una muy mala caída, pues a esa velocidad el agua parece piedra”.

 

En estos casi 20 años compitiendo imagino que habrás tenido más de algún accidente.

“Afortunadamente - toco madera - hace dos años que no tengo una caída fuerte buscando saltos que superen los 60 metros, aunque esta  temporada tuve un golpe fuerte en el talón que me impidió correr bien en la última fecha del campeonato en Chile. Lo que sí, recuerdo una rotura de vértebra a los 16 años, el resto han sido problemas menores gracias al entrenamiento dirigido a fortalecer los músculos con tal de provocar mayor resistencia a las caídas y al corte de ligamentos”.

 

¿Auguras un buen futuro para el esquí chileno?

“Como profesor en la escuela de esquí de los Miranda puedo traspasar mis conocimientos a las generaciones futuras, algo realmente lindo. Veo en Chile una buena proyección, sobre todo con los chicos menores de 16 años; hay un semillero importante de competidores a los que intento transmitirles algo positivo todos los días”. 

 

Por último Emile, ¿cuál es el objetivo que te has planteado para el 2018?

“Como este año pude manejar mi tiempo en la universidad comencé a tomar más en serio aún el esquí y conseguí mejores resultados. Así que para 2018 quiero subir mi marca personal a 68 metros, lo que me dejaría demasiado contento”.